El norte de la Patagonia argentina viene registrando incendios forestales más intensos y frecuentes desde hace varios años. Episodios como los ocurridos en Cholila en 2015, en El Bolsón en 2025, y en Chubut en 2026, muestran que no se trata de eventos aislados, sino de la manifestación de un proceso más profundo asociado a cambios en las condiciones climáticas de la región.

Esto pone en evidencia la necesidad de visibilizar y comprender el vínculo entre el cambio climático y los incendios forestales, como un paso clave para diseñar estrategias más efectivas de prevención, respuesta y recuperación frente a incendios cada vez más severos.

Frente a este escenario, la Iniciativa BASE (Building Approaches to fund local Solutions with climate Evidence), coordinada por Fundación Avina, comenzó a trabajar junto a Fundación Alimentaris y aliados locales en el norte de la Patagonia argentina. El objetivo es fortalecer la producción y el uso de evidencia climática, que permita comprender mejor cómo están cambiando las condiciones que favorecen los incendios forestales, para apoyar la toma de decisiones en materia de prevención, respuesta y recuperación.

Un nuevo contexto climático en la Patagonia

La alianza busca desarrollar y posicionar evidencia climática para comprender el vínculo entre los incendios forestales en un área de la Patagonia argentina y el cambio climático. El objetivo es contar con información que contribuya a mejorar la prevención, la respuesta y la recuperación ante incendios, y que además permita incidir en mecanismos de financiamiento para abordar pérdidas y daños.

En este marco, se desarrolló una investigación liderada por el Dr. Santiago Hurtado y el Dr. Marcos H. Easdale, con valiosas contribuciones de actores territoriales, cuyos resultados se sistematizan en el Informe Técnico «Cambio climático e incendios forestales en la Patagonia
Norte argentina: Evidencia de un nuevo régimen climático que aumenta la peligrosidad de los incendios».

Puede descargar el informe técnico final y el resumen ejecutivo de divulgación. 

El análisis muestra señales claras de cambio estructural: desde el período 2006–2007 se registra una reducción de precipitaciones superior al 20% en amplias zonas cordilleranas, junto con un aumento de la temperatura media anual de entre 0,2 y 0,7 °C, con picos estivales que alcanzan hasta 1,5 °C por encima del promedio histórico en diciembre y enero.

Estos cambios han incrementado la frecuencia e intensidad de las olas de calor, que hoy pueden extenderse hasta ocho días consecutivos, y han reforzado el rol del viento, especialmente en febrero, como factor clave en la propagación del fuego. Como resultado, la “ventana de peligro” para incendios se ha ampliado, con más de 15 días adicionales al año con condiciones de riesgo alto o extremo, según el Índice Meteorológico de Incendios (FWI).

Evidencia climática al servicio de los territorios

El enfoque de BASE parte de una premisa clara: la evidencia climática debe ser útil, comprensible y accionable para quienes están en la primera línea de los impactos del cambio climático y para tomadores de decisiones. En Patagonia, esto implica reconocer que el régimen climático ya cambió y que las estrategias tradicionales de manejo del fuego necesitan ser adaptadas.

Comprender esta nueva realidad es un paso indispensable para diseñar respuestas más efectivas, anticipar escenarios de riesgo y fortalecer la resiliencia de los ecosistemas y las comunidades que dependen de ellos.

El trabajo de BASE y Fundación Alimentaris en la Patagonia busca precisamente eso: conectar conocimientos, territorio y acción, generando conocimiento que contribuya a decisiones más informadas, justas y alineadas con los desafíos climáticos actuales.

Foto: @incendiosforestalesargentina